> Municipio de Tenancingotlax

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DATOS OFICIALES DEL IAIP

Historia

Epoca Prehispánica

Se ha encontrado información acerca de la fundación de San Miguel Tenancingo, en dos citas muy elementales contenidas en los libros "Los Señoríos Independientes del Imperio Azteca" y "Los pueblos de habla Náhuatl de la región de Tlaxcala y Puebla".

Tenantzinco (hoy San Miguel Tenancingo) fue un punto fronterizo de la república de Tlaxcala, igual que con el señorío de Tepeyacac (o Tepeaca), provincia tributaria del imperio azteca. De lo anterior se infiere que este pueblo ya existía desde antes de la llegada de los españoles. Tenancingo, situado cerca de la ribera del río Atoyac, fue un pueblo que operó como límite fronterizo al sureste de Tlaxcala. San Miguel Tenancingo debió contar con guarnición militar, como la que tenía de forma permanente la confederación tlaxcalteca en Hueyotlipan y otros puntos fronterizos con el imperio azteca, pues éste mantenía a su vez, una fuerte guarnición en la provincia tributaria de Tepeaca. Según indicios, San Miguel Tenancingo pertenece a los pueblos de lengua náhuatl de la región de La Malinche, que abarca poblaciones de los actuales estados de Tlaxcala y Puebla. Todo ello reafirma el hecho de que San Miguel Tenancingo fue una población prehispánica, fundada por teochichimecas mucho antes de 1519.

La Colonia.- Una vez concluida la conquista y consolidado el Cabildo, San Miguel Tenancingo quedó bajo la cabecera de Ocotelulco, e integrado a la unidad política administrativa que se denominó Provincia de Tlaxcala. De ese modo se integró una república de indios, gobernada por un Cabildo desde su ciudad capital. San Miguel Tenancingo como iglesia de visita dependía de la cabecera o iglesia de doctrina de Tepeyanco. Es muy poco probable que con el establecimiento de la iglesia de visita, las autoridades españolas hayan considerado como fundación española a la población, anteponiéndole San Miguel a Tenancingo, pues en el censo de 1556 ya se le menciona; incluso en la tradición popular, heredada de generación en generación, los lugareños comentan que San Miguel Tenancingo fue fundada por una anciana, de donde deriva su nombre náhuat.

Los españoles de Atlixco comenzaron a penetrar en tierras tlaxcaltecas mediante estancias ganaderas, ajustando sus hatos en las verdes praderas de Huamantla. Pronto llamó la atención esa región más fértil en las riberas de los ríos Zahuapan y Atoyac. Tenancingo no escapó a esa penetración, surgiendo así la hacienda de San Miguel que para el año de 1712 era propiedad de Gregorio García de Cepeda, con una extensión de 12 caballerías de tierra laboría y montuosa, en las que pastaban 444 ovejas, 40 cabras y 16 yeguas de trillas. De esto último se deduce que la hacienda se fue especializando en la producción de trigo, además del maíz y otros cultivos menores.

El ranchuelo de "San Miguel" era propiedad del alférez Francisco Jiménez de Bonilla, labrador del partido de Nativitas, que seguramente tomó el nombre de las lomas de San Miguel, donde se ubicaba. La extensión de este rancho era de seis caballerías de tierra no muy buena. No hay mayor información sobre los cultivos y ganado a excepción de que tenía una recua de diez mulas aparejadas, por lo que es dable deducir que el alférez, también se dedicaba a la arriería.

La presencia española en San Miguel Tenancingo, no sólo significó la irrupción de la propiedad privada en la región y el derrumbe de la propiedad señorial tradicional desde la época prehispánica, sino también la introducción de nuevas técnicas y cultivos con mayor productividad, dando espacio al surgimiento de la producción comercial. Los cultivos típicos de San Miguel Tenancingo habían sido el maíz, el frijol y la calabaza, propios de las economías de autoconsumo de los indígenas. Con la colonia se introduce la producción triguera, de cebada, alverjón, etc., además de la explotación pecuaria.

La vida en Tenancingo durante la Colonia transcurrió en torno al desarrollo y crecimiento de las haciendas, y del comercio entre el Altiplano y el Golfo. No sabemos de qué manera las reformas borbónicas de 1786, que incorporaron a Tlaxcala dentro de la Intendencia de Puebla, afectaron la vida de la población, y cómo reaccionó ésta en apoyo a la lucha que emprendió el Cabildo de la ciudad capital, para que siguiera siendo una provincia, como ocurrió en el año de 1793.


Siglo XIX

La Independencia.- Durante la Colonia San Miguel Tenancingo formó parte del tenientazgo de Nativitas, pero a raíz de que fue promulgada la Constitución española de Cádiz, se incorporó a formar parte del municipio de San Pablo del Monte.

La Reforma.- Los habitantes de Tenancingo participaron del lado de los federalistas en la larga lucha que mantuvieron con los centralistas; concurrieron a la defensa de la patria durante la invasión norteamericana de 1847, sucumbiendo bajo los muros del castillo de Chapultepec, junto al brillante y patriota coronel Felipe Xicohténcatl.

Tenancingo desde el Congreso Constituyente de 1824 se había opuesto a la anexión de Tlaxcala a Puebla, que había sido promovida por el cura de Huamantla Miguel Valentín, y los diputados tlaxcaltecas disidentes como el presbítero Manuel Bernal, el hacendado de Huamantla Gabriel Illescas, y Antonio Díaz Varela, hacendado de Tlaxco y obrajero de Santa Ana Chiautempan. En esa ocasión, el legislativo de la Unión declaró a Tlaxcala, Territorio de la República.

Los habitantes de San Miguel Tenancingo, siguieron con interés los acontecimientos que se sucedían de manera vertiginosa. Participaron con entusiasmo en la elección de sus diputados constituyentes por Tlaxcala Lic. Juan de Dios Alarid y Don Mariano Yañez. Como diputados suplentes fueron electos don José Mariano Sánchez y don Ramón M. Aguirre.

En la sesión del 9 de diciembre de 1856 fue aprobada la erección del estado libre y soberano de Tlaxcala, mediante lo cual se sustituyó la anómala condición de Territorio. Así la nueva constitución de 1857, contenía en su articulado la aprobación de Tlaxcala como estado libre y soberano. La noticia fue recibida con júbilo y entusiasmo en San Miguel Tenancingo y en las demás poblaciones de la entidad, aprestándose a reorganizar la administración del nuevo estado de la Unión.

Ciudadanos de Tenancingo y de otras poblaciones de Tlaxcala, se incorporaron a las tropas del general tlaxcalteca Antonio Carvajal, quienes tuvieron un excelente desempeñó en la batalla del 4 de mayo de 1862, al derrotar a las tropas reaccionarias de Márquez y Cobos en las inmediaciones de Atlixco, impidiendo su convergencia con el ejército francés que fue derrotado el 5 de mayo de ese año, por el ilustre general Ignacio Zaragoza. Los habitantes de Tenancingo capturaron en las inmediaciones de la población a numerosos franceses que huían despavoridos, después de la derrota que les infringieron las armas nacionales en la citada batalla.

Para la defensa de Tlaxcala, el Ejército de Oriente divide a la entidad en cuatro distritos, quedando Tenancingo formando parte del segundo, conjuntamente con las municipalidades de Zacatelco, Nativitas, Tetlatlahuca, Tepeyanco, Teolocholco y los demás poblados de su cabecera municipal San Pablo del Monte. En cada una de las cabeceras distritales se estableció una junta proveedora de víveres y forrajes para el Ejército de Oriente.

Existe insuficiente información sobre Tenancingo en este periodo, ni tampoco sobre la participación de la población en la revolución de Tuxtepec, con la que enfrentaron los porfiristas la reelección de don Sebastián Lerdo de Tejada.

El Porfiriato.- En 1895 se crea el municipio de San Miguel Tenancingo en el Distrito de Zaragoza, separándose de San Pablo del Monte. El 15 de octubre de 1905 se escenificó un tumulto en el pueblo de Tenancingo, a raíz de una riña de mujeres en estado de ebriedad. La intervención inoportuna y los excesos del destacamento de rurales, que cuidaba el orden de la fiesta que celebraban los fieles de Tenancingo, provocaron la protesta del presidente municipal y del dueño de la hacienda de San Diego Buenavista, quienes seguidos por varios vecinos agredieron verbal y físicamente a los rurales que detenían con lujo de fuerza a las rijozas mujeres.


Siglo XX

La Revolución Mexicana.- Las fuerzas de los generales Máximo Rojas y Domingo Arenas tuvieron enfrentamientos el 5 de mayo de 1915 en Santa Catarina, Tenancingo, Aquiahuac y Zacatelco, con saldo negativo para el segundo. Se desconoce si posterior a esta fecha se presentaron enfrentamientos bélicos en Tenancingo.

Poco a poco el país fue regresando a la normalidad Tenancingo, conjuntamente con Zacatelco, Nativitas, Teolocholco, Xicohténcatl y San Pablo del Monte, del Distrito de Zaragoza, concurrieron a las elecciones municipales convocadas para el 12 de julio de 1916, por la administración del gobernador Antonio M. Machorro.

El 9 de septiembre, el primer jefe del Ejército Constitucionalista convocaba a la elección de diputados al Congreso Constituyente, quedando Tenancingo como parte del 1er. Distrito Electoral con cabecera en la ciudad de Tlaxcala. Tenancingo al igual que las demás poblaciones de Tlaxcala, fueron transitando hacia nuevos horizontes que modificaron sustancialmente las condiciones de vida de la población, dando acceso a mejores satisfactores de bienestar social.

Epoca Contemporánea.- Tenancingo se separó eclesiásticamente de San Pablo del Monte por un cisma religioso. El acontecimiento debería ser tema de una novela salida de la pluma de Gustavo García Márquez o cuando menos de algún escritor costumbrista, veáse el porque de tal afirmación:

Transcurría el año de 1918 ó 1919 cuando los fieles habitantes de Tenancingo llevaban a cabo los preparativos para realizar la fiesta en honor al patrono del pueblo: San Miguel Arcángel. Para honrar debidamente al santo de alas y espada, los tiaxcas de Tenancingo le solicitaron al cura de San Pablo del Monte, que celebrara una solemne misa de "tres padres", pues eclesiástica y políticamente, Tenancingo dependía de San Pablo del Monte.

Cuando se llegaba la fecha de la fiesta, el cura Montiel, titular del curato de San Pablo del Monte no pudo conseguir más que un sacerdote, que en calidad de diácono lo auxiliara en la ceremonia. Pero como era muy celoso de su deber y muy formal en el cumplimiento de sus promesas, no le quedó otra alternativa que echar mano del carpintero Pascual Heredia García, al que llevó en calidad de sacristán. El padre Montiel ofició la misa, el otro sacerdote cumplió con sus funciones diaconales y el carpintero Pascual Heredia García, habilitado de sacristán pronunció un elocuente sermón, que dejó maravillados a los feligreses. Estos desconocían que el destacado orador no era sacerdote, pero creyendo que estaban ante un representante de Dios, no tuvieron el menor empacho en pedirle al cura Montiel que lo dejara en Tenancingo, cuando menos hasta la Semana Santa, cuando él regresaría a continuar prestando los servicios religiosos.

Ante la insistencia de la grey católica que actuaba movida por su buena fé, el padre Montiel no tuvo resistencia en dejar al carpintero Pascual Heredia García como vicario de la población, hasta su regreso a Tenancingo. El cura Montiel tenía la certeza de que el carpintero se comportaría con prudencia y no faltaría a las leyes de la santa iglesia, además de que su estancia en la población sería de corta duración. Pero, resulta que Heredia asumió la función sacerdotal con un profundo celo, oficiando misas, y otorgando los sacramentos del bautizo, matrimonios, etc., Heredia sentía que no podía negarse a cumplir con los deberes religiosos de un sacerdote porque la población lo consideraba como tal.

El padre Montiel se enfermó gravemente por lo que no pudo regresar a Tenancingo en el tiempo previsto, más aún, tuvo que hospitalizarse en la ciudad de Puebla. Heredia siguió durante un largo tiempo atendiendo los servicios religiosos con el contento de la población, hasta que el padre Montiel se recuperó. Este se apersonó en Tenancingo y con sorpresa se enteró de las actividades eclesiásticas de su improvisado ministro, quien en su concepto había incurrido en la comisión de sacrilegio. Lo conminó a dejar el pueblo de inmediato, pero el pueblo inocente no comprendía los motivos de la remoción, intuyendo equivocadamente que la envidia por la popularidad de Heredia, se había apoderado del viejo sacerdote Montiel. La población impidió la salida de Heredia, y a Montiel no le quedó otro recurso que el de regresar acongojado a San Pablo del Monte, arrepentido por el embrollo que había generado la ligereza de su actuación para suplir la ausencia de un verdadero sacerdote. Al enterarse el arzobispo de Puebla de lo que sucedía en Tenancingo, envío varios emisarios a investigar el asunto, pero los enardecidos feligreses terminaron expulsándolos del pueblo. Por otra parte, la jerarquía eclesiástica nada podía hacer pues las relaciones entre la iglesia y el gobierno habían entrado en una fase de franco deterioro.

Heredia se dio cuenta del gran poder que ejercía sobre la población, y de la impunidad de que gozaba ante una conducta que comenzó siendo aparentemente inofensiva, para terminar siendo francamente delictiva, pues empezó a enriquecerse a costa de los inocentes pueblerinos y convivir con varias de las jóvenes más bonitas del lugar. Amenazó a los feligreses que le reprochaban su conducta con excomulgarlos, generando una división interna entre sus seguidores y sus impugnadores. Después de ejercer por 9 años un ministerio para el que no había sido ordenado, los tiaxcas le pidieron que oficiara la misa de carnaval. Heredia pretendió cobrarles por el servicio 80 pesos, cuando el estipendio para esta población había sido tasado en 25 pesos. Cuando los tiaxcas, acompañados del presidente municipal de San Pablo del Monte, le reclamaron el excesivo cobro de la misa, Heredia simplemente les contestó que si no querían pagar el estipendio fijado buscaran otro sacerdote que oficiara la misa.

Los tiaxcas recurrieron a un abogado y al presidente municipal de San Pablo del Monte para solicitarle al arzobispado de Puebla el envío de otro sacerdote que atendiera los servicios del carnaval, ante los abusos de Heredia. El arzobispo se negó arguyendo que la solicitud debía ser firmada por un sacerdote. Los tiaxcas tuvieron que recurrir al cura de San Pablo de Monte. Montiel el viejo cura ya había desaparecido del escenario, pero el nuevo sacerdote aprovechó la oportunidad que se le presentaba para recuperar a sus ovejas descarriadas y de inmediato firmó la solicitud que se dirigió al arzobispo, quien autorizó al cura de San Pablo de Monte para asistir a los feligreses de Tenancingo en las festividades de carnaval. Heredia fue expulsado de la población y los feligreses estaban contentos de haberse liberado del tirano impostor.

El episodio parecía olvidado, cuando a los pocos meses Heredia regresó nuevamente al pueblo pero con un decreto de la Secretaría de Gobernación durante la administración de general Lázaro Cárdenas, en el que se le reconocía como jefe de la Iglesia Ortodoxa Mexicana en Tenancingo. Los feligreses que no olvidaban los agravios que les había inferido, lo corrieron a pedradas. Sin embargo, Heredia no estaba dispuesto a retirarse sin pelear, regresando a los pocos días con tropas federales acantonadas en Tlaxcala, que inhibieron a la población para expulsar al impostor. Heredia recobró su puesto y siguió atendiendo los servicios religiosos hasta 1948 cuando murió.

Para 1950 la mayoría de los feligreses que habían seguido a Heredia, regresaban a la iglesia católica apostólica y romana. Después de la muerte de Heredia, tres seguidores que se autonombraron sacerdote, obispo y canónigo, mantuvieron el rito ortodoxo en Tenancingo, con las consiguientes reyertas con los católicos. Los enfrentamientos no cesaron sino hasta 1952, cuando el gobernador del estado solicitó a la Secretaría de la Defensa Nacional que se enviara un pelotón de soldados para mantener el orden. El episodio concluyó aparentemente en 1955, cuando el último sacerdote cismático se retiró a Santa Ana Nopalucan y el edificio eclesiástico fue entregado a un sacerdote católico. El malentendido que provocó el cisma religioso no se ha olvidado, pero hoy en día los ciudadanos de Tenancingo, han superado la división conformando una comunidad trabajadora que lucha por obtener mejores condiciones de vida.